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Nace con el crepúsculo del atardecer,
Brinda sus caricias a todos por igual,
Henchida de placer muere con cada
Aurora al amanecer.
Con brillos peculiares cubre a todos,
Oscura para algunos, clara para otros.
Duerme el ángel plácidamente su sueño,
Soñando y deleitando el pecho de su madre,
El placer y la ilusión esta por doquier,
La noche brilla y pasa en su esplendor.
Para los amantes en su gozo, una noche mas,
En ella mil sueños y promesas se dirán,
En el éxtasis de sus almas, solo habrá
Una promesa que para una eternidad será
Para el caminante que se echa a descansar,
Aliviando su mente al poder dormir,
Para él la noche, solo existe nada mas,
Como los pájaros en su eterno revoloteo,
Se posan en la rama y dejan de cantar.
Cobija en la noche la doncella su pudor,
En un susurro de placer enamora a su galán,
No es oscuridad lo que busca sino quietud,
Fortalece los dones naturales de virtud,
Viven solo su mundo no importan los demás.
En la quietud de la noche, sueña el escritor,
Mientras su pluma se devana por llegar al fin,
Para no perder el hilo del sueño fugaz,
Desgrana sus sentimientos en pensamientos,
Escritos a su forma, en viva imagen a su ser.
La noche es una sombra tapando la luz,
La noche es luz para muchos,
Sepulcro para otros, como llegó, pasó,
De ella todos aprovechan.
Mientras los siglos pasan y todo se termina
Diciembre de 2002
Francisco H. Figueroa
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